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No conforme con haber ascendido a los 245 dosmiles de Picos de Europa que aparecen en el libro de Isidoro Rodríguez Cubillas, Antonio crea su proyecto personal y ya va a por todas las cotas de más de 2.000 metros. Pero... ¿podemos saber en realidad cuántos dosmiles hay en Picos de Europa?
¿Habrá alguien más que se haya planteado subirlos todos?
La idea surgió un poco a lo tonto. Yo tenía en casa este libro: Picos de Europa de Isidoro Rodríguez Cubillas, como esos libros que se compran hace tiempo. Estaba en Barcelona trabajando y vivía ajeno a la montaña.
Antonio Bascones, protagonista de esta conversación
En el año 2002 me trasladaron a Asturias y empecé de nuevo a salir a la montaña, pero poca cosa, no tenía ninguna idea de meterme en nada como esto.
El listado de cumbres que fue completando año tras año
El libro de Isidoro Rodríguez Cubillas, punto de partida
Porque un día pasas por Remoña, llegas a casa y ves que Tiro Pedabejo no está, y ahí empiezas a ver que la lista no es perfecta.
O el Tiro Navarro III, el que está más al sur, que tampoco estaba, por lo cual te das cuenta de que hay que ampliarlo.
El Campanario, una de las cumbres añadidas
Como criterio fundamental: 30 metros de prominencia, pero no renunciando a incluir cumbres entre 30 y 20 metros, si son populares y/o aceptadas, como el caso particular de las crestas.
En cuanto al aislamiento, no lo tuve en cuenta para nada, razón por la que al final hemos acabado en 316 cumbres.
Las alturas siempre las recogí del Iberpix (Instituto Geográfico Nacional vers. 2017) y sólo utilicé mapas cuando en el visor no venían exactamente las alturas.
Hasta que a finales de 2013 se publica el catálogo de cumbres de más de dos mil metros de Castilla y León (Nacho Sáez y Eloy Santín), y añadió bastantes a la parte leonesa de los Picos, pero claro, quedaba la asturiana y cántabra, así que había que hacer un trabajo artesano.
Tardé 14 años en realizarlas.
Generé una hoja Excel, un sistema de archivos para meter todas las fotos, los recortes, los diferentes mapas, la información que sacaba de los foros y un componente logístico, ya que yo no voy a la montaña más de 15 o 20 días al año.
Pero soy bastante testarudo, y reconozco que tuve esos años a la gente que me ha acompañado totalmente tiranizados, nadie discutía donde se iba.
El 20 o 25% de las cumbres las he subido solo y luego fui encontrando amigos que me acompañaron.
Agujas Cabrones, una de las zonas más técnicas
En total fueron 6 personas: Julio, al que conozco de toda la vida, y 5 más.
Pero ninguno es profesional, sólo se me pasó por la cabeza hacerlo en la Aguja de José Prado y he de reconocer que si la hemos subido, ha sido por mi compañero Julio, que escala bastante mejor que yo.
Peñasanta, la cumbre favorita de Antonio
¡Eso lo tengo claro! Me parece majestuosa y enorme, te puedes perder, porque hay infinidad de recovecos...
Porque Urriello es precioso, el Naranjo me encanta, pero no tienes donde perderte.
Otra montaña que es un mundo, es el Hoyo de la Llera, y si no fuera por esto, creo que era una montaña a la que nunca me hubiera planteado ir y después de cuatro intentos, me di cuenta de que era un mundo. Una montaña con mayúsculas, donde ningún acceso es fácil.
Sí, la cumbre que más nos costó, allí fuimos 4 veces.
La primera vez, fui solo. ¡Jo cuando llegué allí! Aquello es un ambiente impresionante, de lo más acongojante que he visto en Picos de Europa.
Destrepar aunque lleves la cuerda y vayas con un compañero, tiene tela y se asegura fatal, pero es una cumbre con mayúsculas.
La más difícil la Aguja de José de Prado sin ninguna duda, donde abrimos una nueva vía.
La Aguja de José de Prado, la cumbre más técnica
Fue una mezcla de muchas cosas, para empezar nos cayó un bloque en el penúltimo largo, que si me llega a dar en la rodilla no sé cómo hubiéramos salido de allí.
Nosotros en escalada alpina difícilmente pasamos del 5º+ y escalar 6a para nosotros en autoprotección y ¡todas las rutas pasaban de eso!
Sí en tres ocasiones y dos veces llamamos al 112.
Una vez por mi compañero en Piedras Luengas en la cumbre sur, íbamos trepando y había un bloque suelto, que lo tocó y marchó con él abajo y otra vez, por un grupo que apareció en la Torre Sin Nombre y cayó una piedra mientras estábamos rapelando.
Y la tercera en el Dobresengros nº5, con el último que se incorporó al grupo. No verificamos bien el rapel y bajé yo delante.
Cima de la Morra, una de las muchas cumbres ascendidas
Hay que moverse bien en el 5º+ en autoprotección, sobre todo la Aguja de José de Prado, que hay que estar muy suelto, el resto, son agujas, tienen sus cosas pero si te manejas bien en autoprotección en el 4º o 4º+ al final se puede con todo.
No, la lista sigue abierta, lo tengo clarísimo, por ejemplo la Punta Bárbara, no aparece ni en las curvas de nivel…
Antonio en sus primeros años de montaña
Con 15 años apareció la primera cuerda y a los 16, ya marchábamos una semana para Picos de Europa por nuestra cuenta, e hicimos la sur del Naranjo y de Peña Santa.
Íbamos mucho a escalar las Hoces de Vegacervera y conocíamos a Isidoro de toda la vida y a gente que se movía en la montaña próximos a la federación.
Antonio escalando en sus años jóvenes
Un día te enseñaban cómo atarte, otro día ibas a escalar. Una iniciación que ahora coges mucho más fácilmente, porque el deporte está más extendido, hay más libros y antes no había nada.
Yo comencé a escalar con mi compañero, Julio, que conozco desde que éramos enanos y que nacimos en la misma casa.
Ahora estoy más con proyectos exprés, es decir que si llegas a casa a comer no cuenta así parece que no abandonas a la familia tanto tiempo.
Creo he ido a menos... porque cada vez tengo menos tiempo y porque cada vez tengo más miedo, pienso que ya he tentado a la suerte demasiadas veces.
El Llambrión, testigo de tantas jornadas
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