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En una esquina sonriente, buscando la tranquilidad, la encontramos junto a Gummo, su compañero.
Tania es asturiana por los cuatro costados. Es alta, bella y muy dulce.
Ha sabido luchar por conseguir sus metas, y tiene las cosas muy, muy claras.
Cada entrevista es diferente y hoy empezamos a conocernos con un misterioso preámbulo de "apariciones", que según nos cuentan, se esconden tras el recóndito cielo del Valle del Meicín... ¡No nos quedará más remedio que acercarnos!
Tania
Primeros pasos en la montaña
Siempre hice rutas de montaña, pero lo típico las Xanas, Redes.. pero más profundamente empecé a meterme hacia los 24 años.
Por entonces, trabajaba en hostelería y cuando acababa a las 2 de la mañana, cerraba el bar, iba para mi casa, cogía la mochila y marchaba para el monte.
De aquella, lo bueno era que iba con dos amigos de monte y hasta el día siguiente, no sabía donde me había quedado a dormir.
Tania en la montaña
Y ahí empezó para mi la montaña más en serio.
Los Puertos de Güeria, que para mi, son como mi casa.
Las primeras tres o cuatro veces, yo solo llevaba mi ropa, y se encargaban ellos, de llevar la comida, para que no llevara mucho peso en la mochila, porque no estaba acostumbrada, aunque eso duró poco.
Íbamos en autosuficiencia, llevábamos las comidas que teníamos que hacer, saco vivac, botiquín...
Travesía por la Cordillera Cantábrica
Me gusta hacer picos por la superación, por hacer esa montaña y que nos deje subirla. Pero para mi, cargar una mochila con todo lo que necesito para los días que sea y ser autosuficiente allí arriba, significa una integración total en la naturaleza.
¡Es la forma más guapa que veo de vivir la naturaleza!
Lo más impresionante para mi fue hacer la Trascantábrica, desde los Ancares a Urdón. Fueron 16 días de caminata en autosuficiencia siempre.
Preparamos la ruta durante 8 meses, buscando mapas, puntos de agua, para intentar desnivelar lo mínimo posible.
Empezamos con una mochila de unos 23 kilos en los Ancares y vas recorriendo toda la cordillera.
Alucinamos de la riqueza de los paisajes que tenemos, de la gente, de lo que te puedes ir encontrando por el camín.
De la dureza del cuerpo y de la cabeza.
En ocasiones en refugios de la cordillera y en otras, debajo de un árbol, en vivac.
Vimos que para la parte de los Ancares, hay refugios que están muy apartados y están en muy buenas condiciones, donde encontrabas de todo, desde café, leche, vino, leña y eso da gusto.
Cabaña de montaña
A los 25 años me di cuenta que el amor de mi vida es la montaña, si no dejaba de trabajar en ese momento, que tenía dos años de paro y no tenía hijos, ni hipoteca...
La idea en primer momento, era ir de puerto en puerto en Asturias. Y el primero que fuimos, era Güeria.
A la vuelta haciendo autostop, nos encontramos con un vaqueiro de las Ubiñas, que nos preguntó que donde veníamos.
La cabaña en la Braña Chuenga
Le comentamos que del puerto, que llevábamos allí una semana, pero que se nos había acabado la comida y teníamos que bajar a comprarla. ¡El paisano flipó!:
-Llevamos harina, y hacemos tortos.
-Pues tengo yo una cabaña que si queréis doitela y la podéis llevar cuando vayáis a dormir al monte.
Y quedamos a los 15 días y a partir de ahí, quedamos a vivir en aquella cabaña.
Fue mucho trabajo, para poder pasar allí una temporada.
Tuvimos que sacar todo, reparar el tejado, las paredes, la chimenea. Funcionábamos con velas y a por el agua íbamos al refugio o al río, dependiendo de la estación.
Todos los días en verano, desde junio a octubre o noviembre, mientras el tiempo lo permitiera, íbamos a la Bachina Vieja a por leña, sin cortar nada, abasteciéndonos con lo que estaba tirado en el suelo.
Después, subir comida, preparar lates y cosas que no caduquen, para que luego en invierno, bajar solo por carne, verduras y pan.
Eso nos valió mucho para aprender a portear.
Estuvimos dos años enteros.
El primer año nevó mucho, tanto que quedábamos tapados y teníamos que salir cada hora y media o dos horas con la pala.
Recuerdo nueve días seguidos con nieve y ventisca, que no pudimos salir de la cabaña, porque te quemaba la cara.
Nueve días entreteniéndonos como podíamos; haciendo cuero, leyendo, comiendo, pintando.
Interior de la cabaña
Recuerdo que la primera vez que vimos un paisano que subía para Ubiñas, salimos disparados. ¿Está la carretera limpia?. ¡Y marchamos para casa!.
Ahí sí marchamos porque el cuerpo ya lo pedía, estábamos muy doloridos de estar tanto sentados y echados, porque la cabaña no ye muy grande.
Todos los días caminábamos desde las 8 de la mañana hasta las 5 o 6 de la tarde.
Nuestro reto era hacer los 58 dosmiles en verano y en invierno y después, cuando lo tuviéramos hechos, nos dedicaríamos a rodear las montañas.
Y así, descubrimos muchas cosas; restos de la guerra, dos o tres cuevas que no tenían registrados en Ubiña.
Refugio del Meicín
Lo del refugio no estaba planificado, surgió de un mes para otro.
De aquella, el refugio lo llevaba Paquín de la Federación (de montaña) y fue cuando acabó el contrato de los 50 años y pasaba a ser del ayuntamiento de Pola.
A mi me llamaron en septiembre o agosto y me dijeron, que el refugio iba a salir a concurso que si me interesaba. Hice un proyecto y hablé con el alcalde.
El refugio de noche
En Tuiza me conocían todos y hablaron muy bien de mi y todo en conjunto.
Nuestro proyecto era vivir en el refugio. El primer invierno lo pasamos entero, aunque luego vimos que no era factible.
Así que subimos cuando suben el ganado y nos quedamos allí, y luego en invierno; fines de semana, festivos y con reserva.
Que yo currara en hostelería, que acabase en esa cabaña para conocer tan bien, el refugio. ¡Fue un bagaje para llegar donde estoy!
Mi padre minero, mi madre ama de casa, una familia normal.
Pero yo siempre fui por otros lados y creo que no les sorprendió.
Veo que renuncié a muchas cosas, sobre todo cosas sociales.
Siempre fui una mujer con mucho movimiento político y tuve que dejar muchas cosas para estar donde estoy.
Ahora comienza a dar fruto todo el trabajo que hice, llevo desde los 25 años metida en el Macizo de Ubiña y ahora ya tengo 33. Estoy más tranquila y el refugio empieza a funcionar de otra manera.
Cuando entré no funcionaba nada, no había calefacción, no había luz, había ratones, las tuberías estaban todas atascaes.
Me tocó luchar mucho, hablar con mucha gente.
Nadie me dio nada, tuve que invertir todo lo que tenía para llenar el refugio de comida, bebida y de gasoil. Me quedé sin un duro, rezando para que viniera la gente.
Trabajando el cuero en la cabaña
Por una parte era una ilusión porque era el refu. Un trabajo que sabía que me iba a gustar y llenar, en la montaña y hostelería, las dos cosas; uno de lo que siempre viví y otro, la pasión que tenía.
Pero el refugio al principio, tenía muy mala fama y nadie paraba a comer.
Me tocó regalar comida, para que la gente viera como cocinábamos y que se daban comidas, cenas y que se empezaran a animar.
Y la gente respondió, sobre todo la gente de Tuiza y Pola Lena. Empezaron a venir grupos de montaña a comer las fabes, amigos llevaban a otros amigos.
Tuvimos mucho apoyo de todo el mundo.
Fenomenal, me ayudaron en todo lo posible, cuando subí al refugio me dieron un burro, yo nunca había aparejado uno, y Manolo (propietario del bar de Tuiza), todos los días por la mañana estaba conmigo, para enseñarme aparejar, a poner la carga, ¡a todo!.
Primero lo hicimos por un año y luego ya por 10, y esperamos que sea hasta que nos jubilemos.
Deberíamos mejorarlos e invertir más en ellos, más en publicidad, en educación en refugios y de montaña. Que sepamos lo que ye tener un refugio y el esfuerzo que conlleva.
Que nos cuidaran un poco más, porque hay veces que te sientes un poco sola, porque si tienes un problema allí arriba o lo soluciono yo, o hay veces que no te lo soluciona nadie.
El refugio del Meicín
Ur siempre me acompañó en todos los viajes.
Con tres meses cruzó el Aramo conmigo y llevaba una mantina polar porque era con nieve y dormía conmigo en el saco.
Cuando cogimos el refu, ya venía de la travesía.. y siempre había dicho; ¡tengo que comprarle unas alforjas para que lleve por lo menos su pienso!.
Cuando cogimos el refu le compré unas y fue poneílas y ¡cómo si las hubiera llevado toda la vida!.
El primer día le metí dos kilos y subió tan pichi y poco a poco, fuimos aumentando el peso hasta 8 kilos y aunque, podría llevar hasta 11 kilos por su peso, consideramos que con 8 son suficientes.
Ahora tenemos otros, los mayores portean también y los dos pequeños en cuanto cumplan el año, les pondremos alforjas también y poco a poco, acostumbrarlos a que suban carga.
Los clientes del refugio
En invierno suelen venir muchos portugueses, porque en montaña alpina, es lo que les queda más cerca y también para hacer cursos invernales.
Vascos, madrileños…En invierno es más gente montañera, de crampón, hielo.
Y en verano, estamos moviendo mucho familias con críos, para que tengan el primer toma de contacto con la montaña, dormir en un refu y se mueve más como bar que como refugio.
Normalmente la gente suele respetar mucho, pero si tienes 50 que respeten y uno que no, parece que el que destaca es ese. Pero mucho es por el desconocimiento de la gente.
A veces llega gente pidiéndome:
- ¡No, aquí tenéis todos lo mismo!.
Tenemos experiencias de todo, desde gente, que nos quiso tirar la puerta abajo, porque aquello era de todos y que me amenazó a mi y todo, y luego tienes anécdotas graciosas.
Hace poco llegaron una pareja, además de aquí, de Asturias, preguntándome que si podían hacer en travesía desde el refugio a Urriellu y que cuánto les llevaría.
Sí, un refugio más nacional, aunque sí que tenemos gente de fuera, tuvimos bastantes belgas, de Tasmania, de Japón..
Tuvimos un señor japonés Masau que se quedó una semana con nosotros.
Tania con Masau, el visitante japonés
Hablaba español perfectamente, con una cultura y amor a la naturaleza impresionante.
Vino a Ubiña porque lo vio por el Facebook y estaba de viaje en Canarias. Antes de marcharse para Japón, quería conocer una tierra que mantuviera las cuatro estaciones, porque decía que en muchas zonas solo hay invierno y verano.
Vino en primavera, con la eclosión de flores, insectos y el hombre lo disfrutaba de una manera tremenda.
Hicimos mucha amistad. ¡Era encantador!. No tenía nada de equipo, vino con unos playeros, un chándal y un chubasquero de bolsa.
Rescates en Ubiña
Fontanes también, pero menos.
En el Siete hay mucha gente que se queda enriscada y ni para arriba ni para abajo.
Yo la primera vez que me llamó el 112 por un rescate, me puse supernerviosa y colgué el teléfono, pero volvieron a llamarme. Habían sido unos chavales que quedaron en el 2º Castillín en invierno con un día de ventisca. Al final no pasó nada.
En el verano pasado el 2016, tuvimos tres muertos y hace dos fines de semana, otro rescate en Terreos, por un tobillo de un chaval.
Siempre hay movimiento.
Ubiña en invierno
Tania, la única mujer titular de un refugio en España
Titular de un refugio sí.
En Picos, todos sabemos que hay mujeres que trabajan, pero siempre los titulares son los hombres.
Sí, y te das cuenta de lo machista que sigue siendo el mundo o la montaña.
Recuerdo clientes llegar al refugio e ir directamente a hablar con el hombre, pensando que es el guarda y al decirles, que la guarda es una mujer, se te quedaban mirando.
Pero hay cosas buenas.
Lago del Meicín
La cocina de Tania
A mi siempre me gustó la cocina, pero ¡hasta los 20 años no había hecho ni una tortilla!
Cuando me independicé empecé a cocinar, ya que soy de comer bien, pero claro, ¡cocinaba para dos!.
Ya cociné para 47 y aprendes o aprendes, no te queda otra, tienes que sacarlo y por suerte, parece que se me da bien la comida.
Una manera de dar a conocer Asturias.
Valle del Meicín
Es verdad que el refugio donde está no ye necesario, yo este refugio lo entendería en Güeria, que está más alejado, más metido en alta montaña y a una distancia considerable de Tuiza.
Allí hubiera sido diferente, aunque los porteos para mi hubieran sido más complicados, pero la gente que te llegaría allí, sería montañera de verdad.
Tania en el refugio
Yo nunca había visto al oso y en 15 días vi al lobo y al oso.
Al lobo comiendo los restos de un chatu que se había matado.
Tania disfrutando del valle
Para mi personalmente, no hay muchos lobos, ni osos. Pero yo, como me dicen, soy "ecologista".
Yo tengo muchas agarradiellas con los vaqueiros.
El futuro en el refugio
Yo pienso que por suerte tengo un trabajo que me puede permitir cuidar a los guajes y no veo mejor manera de hacerlo.
Trabajé en muchos sitios y ahora ya llegué al final.